Ad Astra

Tuve muchos nombres que ya nadie recuerda

Pensar una chorrada, escribirla, publicarla. Pensar «voy a buscar que seguro que hay algo inventado» y descubrir que efectivamente existe y que el post que publicaste hace menos de un minuto ya está indizado en los resultados de búsqueda de Google.

Es de esto de lo que hablamos cuando decimos que Google fue el primero en lograr usar (en Internet) la infraestructura como ventaja competitiva, algo que intenta impulsar con cada cambio que hace a su buscador.

Internet es cada vez más grande, sin duda, y, paradójicamente, (o no tanto) más centralizada.

Busco una frase de una canción para no tener que teclearla (a esto hemos llegado) y lo hago en una de esas webs moderadamente conocidas que a mí me encantan hace años pese a que nunca llegaron a ser blockbusters: Song Meanings.

La canción es The Suburbs, primer tema del último álbum de Arcade Fire, y obviamente en Song Meanings encuentro la letra… y uno de esos comentarios por los que esa página puede gustar tanto. Además, en mi primeros encuentros con Internet básicamente buscaba partituras de guitarra y letras de canciones, de forma que me he sentido joven, por un breve instante. Ya pasó, pero aún suena.

Por cierto, la letra está también disponible en la web del grupo, que está hecha con WordPress y permite oir la canción pero usa un incómodo SWF de Flash para mostrar la letra que no se deja copipegar. No se atrevieron a más.

Como se podrán imaginar quienes leen este blog regularmente, he seguido muy de cerca todo lo relacionado a la nueva edición en español del quinto libro de Canción de hielo y fuego.

Este libro se puede adquirir por la destacable cantidad de 46 euros en tapa dura, costando 38 euros la edición en tapa blanda (he puesto bien la cifra, créanme) pero, más destacablemente aún, es imposible comprarlo en digital. Un disparo en el pie en toda regla, ha cabreado a los lectores y ahuyentará a muchos compradores potenciales del libro, aunque dudo mucho que pueda poner freno a los lectores.

¿Recuerdan cuando hablamos de Libranda? Todos hablan de piratería, pero ninguno hace lo que está en su mano para adaptarse a la realidad de un creciente mercado digital con lectores electrónicos en apenas 100 euros y una «base instalada» de dispositivos más que interesante.

Mentiras, malditas mentiras y libros en papel.

Tan cierto:

Of all the noises that my children will not understand, the one that is nearest to my heart is not from a song or a television show or a jingle. It’s the sound of a modem connecting with another modem across the repurposed telephone infrastructure. It was the noise of being part of the beginning of the Internet.

Yo recuerdo tapar el módem con cualquier cosa (trapos, camisetas) para que no se oyera demasiado al conectar en mitad de la noche, y así no despertar a nadie. Otro tiempo, otra vida.

[Dedicado a Michel, porque sin su comentario este enlace habría quedado para siempre almacenado en mi la intimidad de mis marcadores.]

Leo Porn, gambling, and malware: Bitcoin as the ‘Net’s Wild West | Ars Technica y me quedo pensando que ya hemos pasado por ahí.

Cuando apareció la web: los primeros en comenzar a hacer pasta con ello fueron servicios “sospechosos”. Luego se sumaron todos y vino la normalización (personificada en el 2.0 tardío)… la idea es que la ZTA que representó la web (y ahora bitcoin) es por necesidad minoritaria.

Bitcoin (o cualquier otra criptodivisa) podrá triunfar: pero si lo hace, será a cambio de perder poder revolucionario.

La zona temporalmente autónoma habrá migrado a otro lugar.