Ad Astra

Tuve muchos nombres que ya nadie recuerda

Belén Gopegui en Rebelión publica un artículo que me ha gustado y del que saco aquí una frase:

– ¿Entonces, qué es lo que se podría escribir ahora?

Mi pregunta es ¿cómo decir que la carta está a la vista sin señalarla, cómo explicar el efecto de lo inadvertido sin, al explicarlo, volverlo ya advertido, diferente? Lo que a la hora de escribir sería: ¿Cómo contar que estamos siendo contados, que no nos pertenecemos, sin que esta historia también nos la cuenten de antemano?

Esa imposibilidad de hablar del cambio sin prevenir al sistema (y que el cambio se vea frenado) me ha parecido como un corolario bien traído de Theodor Adorno y su visión de la estética revoluciaria, que ya hemos vinculado a la banalidad.

Recoge Aleix Cabarrocas en su blog la última pretensión culturalista de El País que me sirve para recordar en comentarios lo mucho que odio las flashmobs y la banalidad que portan, algo sobre lo que él mismo posteó y a lo que estaba respondiendo allí con una frase de una lectura sobre Theodor Adorno («las corrientes vanguardistas de instituciones estéticamente vanguardistas son tan ilusorias como la creencia de que son revolucionarias») a la que llegué hoy gracias a un sugerente comentario de British Lover en un post de Gonzalo Martín. Ese último comentario se convirtió en post.