Ad Astra

Tuve muchos nombres que ya nadie recuerda

Exploding Kittens es un juego de mesa, de cartas, lanzado como proyecto en Kickstarter que lo ha petao (hablando mal y rápido).

Exploding Kittens

Pedían 10.000 dólares y en unos días llevan más de tres millones. Claro, hay gatos de por medio, ya sabemos.

El asunto es que si argumentas racionalmente y dices que necesitas 3 millones para montar una editorial de juegos de mesa que haga «los juegos que nadie se atreve a hacer» (que no es mal claim para apelar a ese abundante nicho que gusta probar juegos de mesa) fijo que no te los dan. Pero fijo, fijo. Que te comes los mocos, vamos.

Y mientras, ahí tienes una idea loca (es mentira: no es para nada una idea loca, al saber le llaman suerte, que dicen por ahí) que arrasa. Logros y perversiones del marketing.

Lo explican en Ars Technica:

The real-money auction service was originally planned to launch a week after the game’s May 15 release, but the rollout was briefly pushed back to a planned May 29 before this latest delay. Blizzard now says that it “need[s] a bit more time to iron out the existing general stability and gameplay issues” in order to “ensure everyone has the smoothest experience possible” with the service. While the company didn’t suggest a new date for the launch, it did promise to have “more information soon.”

Con la gracia que me hizo enterarme de la inclusión de esta tienda tras leerme la muy recomendable Reamde de Neal Stephenson, en la que el plot parte de una idea similar.

Como todo el mundo está a tope con Juego de Tronos, yo no hago sino recordar una saga de libros que me leí hace ya muchos años y de la cual guardo un buen recuerdo, aparte del recuerdo de la historia acerca de cómo conseguí esos libros descatalogados hacía años, que en su día era algo bastante complejo y no me apetece contar.

Es la saga de Stormbringer de Michael Moorcock, que primero conocimos por el juego de rol que tengo aquí en la mesa y al que pretendíamos jugar con algunos amigos hace un par de años, recién llegado yo a la primeavera madrileña, pero… pues eso, el verano se nos echó encima y al final nos quedamos con la campaña construida y los personajes a estrenar.

«Ésta es la historia de Elric antes de que fuera llamado Asesino de Mujeres, antes del colapso final de Melniboné. Ésta es la historia de la rivalidad con su primo Yyrkoon y del amor por su prima Cymoril, antes de que esa rivalidad y ese amor provocaran el incendio de Imrryr, la Ciudad de ensueño, saqueada por las hordas de los Reinos Jóvenes. Ésta es la historia de las dos espadas negras. La Tormentosa y la Enlutada, de cómo fueron descubiertas y del papel que jugaron en el destino de Elric y de Melniboné, un destino que iba a conformar otro mayor: el del propio mundo. Ésta es la historia de cuando Elric era el rey, el jefe máximo de los dragones, las flotas y de todos los componentes de la raza semihumana que había regido el mundo durante diez mil años.

Ésta es la historia de Melniboné, la isla del Dragón. Es una historia de tragedias, de monstruosas emociones y de elevadas ambiciones. Una historia de brujerías, traiciones y altos ideales, de agonías y tremendos placeres, de amores amargos y dulces odios. Ésta es la historia de Elric de Melniboné, gran parte de la cual sólo recordaría el propio Elric en sus pesadillas.»

Así comienza la Crónica de la espada negra, primer libro de la recientemente reeditada saga de Elric. Pero comprar los libros en Generación X no tiene ni la mitad de la mitad de la gracia que tuvo lo mío. Pero ésa, queridos, es otra historia.

Y todo aquel que no afirme que Tormentosa y Enlutada son dos traducciones atroces para Stormbringer y Mournblade, no tiene sentimientos.

Mis queridos amigos del Túmulo, que levantaron la persiana hace casi 4 años cuando toda la manada gritaba «noooo», estrenan nuevo local. Más grande, más luminoso. Se echará de menos el viejo túmulo, sin duda, pero en el nuevo seguro que caben más mesas para warhammer. Al nuevo local le echaron el ojo estas navidades, cuando volviámos de comer con ellos (y con Juampe!), lo cual me alegra porque no puedo verlos tanto como sería deseable y esta pequeña casualidad hace que la noticia (buenísima en sí misma) me arranque una sonrisa siquiera un pelín más amplia.

A alguien le quedan dudas de que son la gran referencia malagueña sobre Magic y Warhammer?

Jugué al ajedrez desde pequeño; el mérito es de mi padre. Aprendí a deslizar las fichas entre los escaques antes incluso de aprender a escribir. En aquella época toda la atención era para los duelos entre Karpov y Kasparov, con el primero ya en su última etapa y este último dominando la escena mundial con holgura.

Karpov (Izqda) contra Kasparov (Drcha), Frankfurt, año 1999

Por eso mismo la derrota de Kasparov frente a Deep Blue (IBM) en 1996 causó tanto impacto. No era la primera derrota de un jugador de ajedrez frente a una máquina (para ese momento, yo ya llevaba años perdiendo contra mi propia máquina; esta vez el mérito es mío). Era la primera vez que el derrotado era el mejor jugador del mundo.

A esa derrota la siguió una larga década en la que campeones del mundo y ordenadores intercambiaban piezas, victorias, derrotas y tablas. Así hasta que en 2005 Ruslan Ponomariov, entonces ya ex-campeón mundial de la FIDE, derrotó a una computadora diseñada específicamente para jugar al ajedrez.

Desde entonces, no ha vuelto a suceder. No ha habido un jugador de ajedrez capaz de derrotar a una computadora de alto nivel. Y quizá sea algo que no se repita, aunque ¿quiénes somos para afirmar tal cosa?

[Sí, todo esto porque lo vi en la tira de Xkcd y me apeteció ponerlo por escrito.]