Ad Astra

Tuve muchos nombres que ya nadie recuerda

Uno de los clichés nacionalistas del mundo audiovisual español pasa por vanagloriarse de la altísima calidad de los doblajes que se hacen. «Tenemos (sic) los mejores actores de doblaje del mundo», dice quien por alguna dudosa metonimia se convierte en dueño y compadre de una serie de personas a las que no conoce de nada. Pero eso no es lo importante. Lo importante es que es una tontería de magnitudes mastodónticas. Sandeces, estupideces. Rubbish, que se diría al otro lado del canal de la mancha.

Aquí traigo un ejemplo. Hace unas semanas me reenganché a los Soprano (hace un año y pico vi dos temporadas y media, para luego parar debido a imponderables y dejarlo en barbecho todo este tiempo). Esta noche, un capítulo de mediada la cuarta temporada ha dado problemas y a falta de un par de minutos se ha quedado bloqueado, así que he tenido que buscar una solución para ver ese par de minutos en alguna parte, y lo he encontrado online sin mucha dificultad. Eso sí, doblado al español.

Qué dolor de oídos. ¿Qué clase de director artístico escucha una voz que parece salir de la garganta de un Tom Cruise guaperas, seductor, y veinteañero y piensa «ésta es la voz de Tony Soprano (cuarenta y tres, rudo como él sólo) en español»? ¿Qué clase de profesional del doblaje propone una voz como ésa y se queda tan ancho?

Han sido los dos minutos más desastrosos de las cuatro temporadas que llevo vistas. Ah, la gran industria española del doblaje, «la mejor del mundo». Y para colmo hay quien te lo dice convencido de ello. Convencimientos estúpidos, claro, ya lo dijo Shaw.

En el blog que HBO dedica a Juego de Tronos encontramos una perla acerca de la gestión empresarial:

“as much of an emotionally abusive father Tywin Lannister is, if he ran a corporation, who wouldn’t want to invest?”

Qué moderno es que tu empresa sea dospuntocero, y moderna, y social, y horizontal, y todo eso que algunos llaman humo cuando deberían llamarlo smog, dado su carácter tóxico. Al final, no obstante, lo que cuenta es el balance de resultados de la mencionada empresa. Es lo único que garantiza a futuro todo lo que la misma genera, empleos incluidos (claro). Si bien comandar una familia con la misma mano de hierro (al estilo Tywin) es, seguramente, llevar las cosas demasiado lejos.

Muchas veces he visto Apocalypse Now desde que era eso que los que estudian a las personas llaman «preadolescente» (parafraseo a Kilgore con frecuencia y me acuerdo del monólogo final de Marlon Brando aún con más frecuencia). Nunca antes la había visto después de leer El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, en el que está basada. Hace un par de semanas terminé ese libro y esa misma noche fuimos corriendo al disco duro, para darnos el homenaje.

La actitud de los protagonistas, tarados o (más probablemente) incorrectamente incentivados y consecuentemente saltándose el guión previsto se ve mucho más marcada. Siempre dije que ésa me parecía una película de guerra sin guerra. La película recoge ese ambiente claustrofóbico y enajenado que la brevísima novela de Conrad transmite a la perfección, y es algo que no había entendido antes de leerme el libro. Seguramente no sea cierto, pero queda relegada a un pequeñísimo rol secundario ante la compleja mente humana y la delgada línea que separa a la racionalidad de la demencia.