Ad Astra

Tuve muchos nombres que ya nadie recuerda

Hace no menos de 2 meses Nuria me comentó acerca de un documental del que yo no había oído nada y que ella planteaba ver esa misma mañana usando Filmin: Ciutat Morta. Unos días después Iván Vilata también comentó al respecto.

Ciutat Morta

Tras eso, la vorágine, la emisión en TV3 y la repercusión de la misma (que de todas formas no apunta a una reapertura del caso, con lo que más allá del valor informativo, no va a pasar de ahí).

El caso es que pude verla ayer y ciertamente es muy descorazonador lo narrado. Esta mañana supimos de los gravísimos tejemanejes de la policía nacional, esta vez en Madrid, y el combo de información no genera ningún tipo de tranquilidad respecto de las fuerzas policiales.

Ayer por la mañana me vino a la cabeza una visión habitual. Siempre que tengo un tablet en la mano (sobre todo si es el que tenemos por casa, que es de los de 10″) tengo la sensación de tener en la mano un teléfono grande en lugar de otra cosa. E inequívocamente termino pensando que estoy dentro de una película de Gondry (podría ser un videoclip, pero yo soy más de sus películas que de sus artistas fetiche, con Björk a la cabeza).

La science des rêves

De tal forma no hubo más alternativa que terminar el día viendo The We and the I, una película diferente de Gondry, sin apenas locuras visuales, pero con una trama especialmente bien llevada. Toda una road movie en la que no llegas a salir del autobús, que ya quiero volver a ver.

Downton Abbey es una serie que hace 5 minutos no conocía y que, leído lo leído, no tengo ningún interés en ver. En The Guardian hay un artículo sobre la misma del que me ha llamado la atención este párrafo:

And let’s not kid ourselves that what we’re broadcasting to the world here is great drama. What we’re actually exporting is nostalgia, an unhealthy obsession with class, and a peculiarly dusty form of conservatism. It turns out that people can’t get enough of these things.

Las negritas son mías. Serie con ambientación de época (ya sabemos el éxito que tienen en todas partes ese tipo de relatos) y en la que se destila nostalgia conservadora por una época dorada (de lo británico, en este caso concreto).

Lo cual me lleva a pensar la obsesión estadounidense por filmar películas y series ambientadas en las décadas de 1930-60 del siglo pasado: ese momento en el que eran líderes absolutos del mundo, más aún tras el final de una segunda guerra mundial que dejó a Europa cubierta de cenizas y a Rusia muy cauta ante la desventaja militar (nota: bomba atómica) adquirida y de la que tardó una larga década en reponerse parcialmente.

Acción mutante

Ayer fallecía Álex Angulo y pensando un poco en ello me di cuenta que Acción Mutante se estrenó más cerca del momento en que murió Franco que de hoy.

En mi mente, la muerte de Franco es algo lejanísimo, yo no había nacido así que es una nebulosa. Y Acción Mutante (y Nevermind, y El espíritu del vino, y muchas otras cosas, por extensión) se ven tan lejanos de repente.

Sí, leo demasiado Xkcd.

Por azar vi un episodio de Treme que ya había visto. De hecho, que ya vi varias veces (el primero de la primera temporada). En realidad, sólo he visto la primera temporada, y me encanta. Y sin embargo, no ardo en deseos de ver las siguientes, es como que diera algo de miedo que rompan una historia tan bien contada, estirándola más allá de lo necesario para complacer a los índices de audiencia. Ah, me parece razonable que lo hagan (tienen que ganar dinero, sobre todo si quieren seguir gastando en vestuario y casting para hacer Juego de Tronos), pero me da la impresión de que aunque podría ver esa primera temporada muchas veces, quizá prefiero no ver las siguientes. Quizá me estoy perdiendo cosas, quién sabe. Y todos los modernos que van de sensibles y no la han visto (o peor aún, la vieron y no les gustó) son unos impostores.