Ad Astra

Tuve muchos nombres que ya nadie recuerda

Dice el presidente del Instituto Cervantes, citado en el El País que:

“El fascismo”, prosigue De la Concha, “cambió el lenguaje para dar idea de camaradería” y los regímenes totalitarios “tratan de borrar ciertas palabras”. “Somos lengua, un Estado es lengua, de ahí que la cultura no sea un adorno, sino algo que nos constituye y nos hace”, añade.

Y ahí, en contra de las imposiciones totalitarias está él, defendiendo que ahí afuera el vulgo habla un español zarrapastroso y abogando por cuidar estas cosas, que en ellas va el Estado. Y dice hacerlo para evitar lo que hacen los regímentes totalitarios, ahí es ná. Fue a hablar de putas La Tacones, que dicen por ahí.

Con un par. Como persona que no habla castellano (y a mucha honra) sino esa variedad del español que se habla al sur de despeñaperros, me queda la duda de si éste fascistilla lingüístico escucha algo que no salga de la boca de un salmantino y las ve como un acto zarrapastroso. Y no me queda la duda, claro, de qué opinará sobre los trillones de personas que hablan este idioma y tienen otras sensibilidades en otros continentes (de entrada, España y su Estado se la sudan, vamos; y hacen bien).

Pero claro, qué podemos esperar del presidente de una institución destinada a promocionar al Estado bajo un manto de cultura; de un señor que defiende la lengua como hace 500 años Antonio de Nebrija defendía su gramática uniformizante: como un instrumento para la unidad del reino, que se adentraba en tierras lejanas y ofrecía con esta gramática una herramienta a los colonos con la que enseñar un idioma uniforme a los indígenas que se aventuraban a doblegar.

Así que nada, seguiré hablando zarrapastrosamente, aunque ahora sea tan sólo para que este señor no duerma tranquilo del todo.

Dice Jon Juaristi en ABC:

«Entre los siglos XV y XVII corría por España la especie de que los vascos descendían de judíos indultados por Tito tras la destrucción de Jerusalén, y de ahí su denominación general de biscaínos o biscaínes, «dos veces Caínes» o «doblemente Caínes», porque mataron a Abel y a Cristo. Los infamados replicaban que su nombre original era biscanes, «doblemente canes», por su proverbial fiereza. Sus detractores redargüían que tal etimología confirmaba lo ya dicho: «Doblemente perros, perros moros y perros judíos», irritando hasta el extremo a los vascos, una de las comunidades más judeófobas de la Europa moderna».

Dos veces caín o, en su diculpa, dos veces canes. Interesante, así puestos, que los leones del escudo de Bilbao parecen lobos por su perfil y su color. Que digan lo que quieran, a mí me recuerdan al protagonista de cierto gonfalón.

El término judeófobo es intereante, por cierto, parece que desde que descubrieron que no podían acolchar el antisemitismo amparándose en los pañuelos paletinos, también pueblo semita, se requiere una mutación lingüística que haga posible el ataque.

El artículo, por lo demás, ignorando la boutade final (tan difícil de probar como de desmentir) no deja de ser interesante desde el punto de vista etimológico, más o menos inventado (de eso Juaristi sabe algo, aunque prefiera creer), del origen de los nombres de Vizcaya y Guipúzcoa.

Y si, por lo demás, la salvación de pppaña está en los sellos, malamente lo llevan los españoles: de forum filatélico al sobre verde, la cosa de los sellos no podría funcionar peor.

La palabra que no se puede escribir « Un Arácnido Una Camiseta

¿cómo se escribe el imperativo de salirle?

La interpretación forzosa como dígrafo de la secuencia gráfica ll en español hace imposible representar por escrito la palabra resultante de añadir el pronombre átono le a la forma verbal sal (imperativo no voseante de segunda persona de singular del verbo salir), oralmente posible si, por ejemplo, ordenáramos a alguien salir al paso o al encuentro de otra persona aludida con el pronombre le: [sál.le al páso], [sál.le al enkuéntro].Puesto que los pronombres átonos pospuestos al verbo han de escribirse soldados a este, sal + le daría por escrito salle, cuya lectura sería forzosamente [sá.lle], y no [sal.le]].

Curioso, un bug de escritura. Imagino que es aquí donde la rotación (cambio de un fonema, normalmente l o d, por r) tan habitual en los que usan infinitivo en lugar de imperativo encuentra su lugar en el mundo…