Ad Astra

Tuve muchos nombres que ya nadie recuerda

En julio pasado hablábamos de las hamburguesas de autor como de ese nuevo producto destinado a saciar a aquellos que quieren comer diferente pero ya no tienen la posibilidad de gastarse 30-35 euros por cubierto en una cena casi de rutina. Si alguien dudaba de que los tiros iban por ahí, VIPS presenta H3, su nueva cadena de hamburgueserías gourmet (CincoDías). Oh sí, las hamburgueserías son los nuevos japoneses. Y ojo, que lo digo sin acidez, soy partidario de aquello que cantaba Shannon Hoon (Change); soy todo objetividad (o eso me gusta creer).

De vuelta a GMT +0200, sin dormir (cortesía de los vetustos cacharros con alas que gasta Iberia) y con el firme propósito de minimizar los efectos del jet lag aguantando sin dormir mientras quede sol hemos dedicado la sobremesa a ver Source Code, un thriller con elementos de 11-M, de Bourne, del Flatline de Neuromante (el guiño más interesante que le vi a la película, ciertamente) y hasta del Día de la marmota, menos complicado de lo que su director piensa pero que te mantiene atento y despierto hasta el final, que era justo el efecto deseado. Mission Accomplished.

En la vecina calle de Ramón Estomba, también aquí en Atahualpa, encontramos la siguiente pintada que nos resulta vagamente familiar:

Alonso & Martínez, Ltda.

Llegados a este punto no sabe uno si felicitar al gallego por percibir con adelante el chanchulleo constante (e ilimitado, en este caso) que iba a mover la ciudad que dejaba atrás o compadecerlo por lo frustrado del otrora vigoroso anuncio («VENDO») que acompaña al desvaído logo, convertidos ambos en mera declamación retórica con pocas (o ninguna) esperanzas de seguir cumpliendo la función para la que fueron diseñados.

De un tiempo a esta parte no oigo más que hablar de más y más sitios de «hamburguesas de autor» en Madrid. Ojo, no es que me parezca mal: me parece una maravilla.

La lectura importante es otra: donde antes había un resto-bar con pretensiones y tapas cursis a 6 euros ahora hay hamburguesas de autor, algo más caras que una hamburguesa normal, claro está, pero grandes y mucho más baratas que ir a cualquier sitio-de-comer de autor del que hubieran oído hablar en 2008.

Es la nueva realidad: comida barata vendida con ínfulas a un público que necesita, y está bien, seguir creyendo en algo. Y seguro que el modelo es replicable más allá de la carne picada.