Decía Antonio Machado en Españolito:

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

La interpretación clásica que se hace de esto es la de una gran población dividida en dos grandes grupos partisanos y, claro, a cada uno de esos grupos el otro, el enemigo, ha de helarles el corazón.

¿Y si no fuera tan sencillo? Los sucesos de estos días, desde las elecciones andaluzas y el ascenso de Vox, a las conversaciones que he mantenido desde que se supieron los resultados, o a las violentas manifestaciones de ayer, me recuerdan que yo siempre vi estos versos de otra forma. No como dos grandes grupos enfrentados sino como dos pequeños grupos enfrentados que mantienen como rehén al resto, la mayoría de la población. En cualquier conversación has de empezar poniéndote la tirita que, de todas formas, no servirá de nada porque si cuestionas siquiera alguna de las posturas de el partido preferido de tu interlocutor te van a acusar de ser el enemigo (facha, o rojeras, por turnos y según con quien hables, a veces con solo unos minutos de diferencia). Ambos te van a helar el corazón con su intransigencia, y ahí es donde yo creo que apuntaba Machado.