El cambio según la política argentina

No me pregunten cómo he llegado a La Razón, pero veo una crónica desde Buenos Aires acerca de las últimas elecciones y no salgo de la perplejidad:

La contundente victoria en el distrito de la provincia de Buenos Aires del partido opositor Frente Renovador –que lidera Sergio Massa, peronista y ex jefe de Gabinete de Cristina Fernández– con más del 40% de los votos demuestra que una importante porción del país disiente de las políticas del kirchnerismo, y que ha decidido enviarle un contundente mensaje de cambio al Gobierno.

Así que en 2013, que el ex-jefe de Gabinete de la actual presidenta, que además se define como peronista, gane unas elecciones locales representa la posibilidad del cambio. Visto así, lo de Cháves y Griñán terminará pareciéndonos revolucionario.

5 comentarios

      • No lo dudes. Estamos en una clara vía de desdemocratización. Parte de ella es general en Europa (hoy comentábamos lo de Francia en Twitter), parte es claramente endógena. La reacción a la sentencia del tribunal europeo de derechos humanos sobre la llamada doctrina Parot es una clara muestra de este deterioro del sistema democrático. También, el proceso catalán, y la reacción de Madrid, responde, en parte, a esta tendencia. La pena es que nuestro sistema democrático sin haber madurado antes. Hemos pasado de la infancia a la tercera edad, sin pasar por la fase de madurez y productividad. Esta fase sí que la han tenido los franceses, por ejemplo.

  1. Es fácil. Tenéis que escuchar el monólogo de Enrique Pinti en el que explica la política argentina en su espectáculo «Salsa Criolla».

    Ahora, el peronismo está fracturado entre los kirchneristas («Frente Para la Victoria») y el peronismo «moderado» con un discurso conciliador («Frente Renovador»). Por eso lo que se celebra es el fin de la hegemonía kirchnerista.

    El peronismo es una mafia política que adopta cíclicamente la ideología conveniente para aferrarse al poder. Perón fue un cuasifascista populista, en los 90 Menem fue neoliberal y los Kirchner resultaron ser unos demagogos envueltos en un discurso populista progre mientras robaban a manos llenas bajo el grito «¡tonto el último!».

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